El grupo musical Son del Valle, una iniciativa para revalorizar la cultura afrochoteña
- 18 ene 2016
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Su más reciente presentación fue en la Universidad Católica, de Ibarra, en diciembre último.
Imposible seguir el ritmo. Ni siquiera la vista lograba alcanzar el movimiento de sus manos al golpear el tambor. Únicamente el sonido se asemejaba a los latidos del corazón.
Jamás pisó una escuela musical, pero es el más diestro para entonar los instrumentos de percusión. Se trata de Alex Delgado, uno de los 10 integrantes del grupo musical Son del Valle, de la provincia de Imbabura.
La conga (tambor de origen africano), la bomba, el güiro, el bombo, y el címbalo reemplazaron a los recipientes de plástico, con los que hace más de una década hicieron bailar a los afrochoteños, bajo el puente de El Juncal.
Junto a Alex Delgado, conocido entre sus amigos como El Floris, también participa su padre, Mario. Él, en cambio, es el encargado de armonizar el escenario con su guitarra.
El agricultor de tunas, de 28 años de edad, aprendió a usar este instrumento amarrando medias de nylon a una tabla de madera. “Fui curioso y me gustó ver lo que hacía los mayores”, relataba.
Uno de los integrantes de esta agrupación, Jonathan Chalá, asegura que Son del Valle es una de las pocas iniciativas musicales que ha perdurado en el tiempo.
Lamenta que conjuntos como: los Loquitos del Barrio, los Dalexis, los Rayados, los Negritos del Son, hayan desaparecido, en una tierra, en la que asegura, todos pueden entonar un instrumento, tanto como bailar la música bomba.
La estrategia para sobrevivir, comenta Mario Delgado, ha sido elaborar canciones con temáticas sobre el pueblo de El Valle del Chota. “Nuestra inspiración está en las historias del pasado: la esclavitud, el racismo, la agricultura, las brujas…” Hasta 2015, Son del Valle ha creado, alrededor, de 1 000 canciones. Actualmente cuentan con un álbum musical denominado Para qué más. Ahí se registran una docena de interpretaciones.
Entre ellas están géneros y ritmos como: la bomba, song, bomba urbana y música de pueblo. La mayoría de estas han sido elaboradas en el Centro Intercultural El Juncal, al que denominado como su sitio de experimentación musical. Eduardo Méndez, representante del grupo y el encargado de tocar el timbal, asegura que son transmisores de su cultura, por medio de la música bomba.
Ellos han estado en provincias como Carchi, Pichincha y Guayaquil. “Es nuestro arte, son nuestras raíces, incluso cuando estamos tristes con ‘mal de amores’, la música bomba es nuestro escape”. Para Mauricio Méndez, vocal de la Juta Parroquial San Vicente de Pusir, es un orgullo que jóvenes artistas intenten revalorizar la música autóctona de este pueblo.
Sitio en el que habita una población, aproximada, de 2 000 personas, de raza negra afroecuatoriana. Estos datos según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC), en 2010. Para Méndez hablar de Son del Valle es sinónimo de cultura. En 2015, formaron parte de un cortometraje en el que se fusiona la música bomba y la disciplina deportiva del fútbol.
Este proyecto se realizó con la colaboración del Ministerio de Cultura y Patrimonio de Ecuador. Mientras tanto se preparan para su próxima presentación. Esta será el 8 y 9 de febrero, en el denominado el carnaval del Coangue. Se trata de una celebración con música y danza afroecuatoriana al pie del río Chota.














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